Los restaurantes a menudo cultivan sus propios calçots, aunque los originales considerados los mejores se cultivan y se compran en Valls, Tarragona. Se asan sobre las brasas en grandes parrillas. Aunque se cocinan a fuego suave, por fuera se quedan completamente negros. Los manojos de calçots se sirven en tejas de barro.
Son muy divertidos de comer, enfangándote hasta los codos, así que se aseguran de que tengas una gran servilleta o babero para que no te manches la ropa. Los calçots están negros por fuera y tienes que pelar las hojas externas con habilidad, ya que si arrancas demasiadas te quedas sin calçot. Los calçots se mojan en una salsa especial llamada Romesco, una salsa espesa y colorada hecha de ñoras, almendras trituradas, ajos asados y aceite de oliva. Repites el ritual con cada calçot, sacas las hojas de fuera, mojas o arrastras el calçot en la espesa salsa y cuelgas el calçot sobre to boca, pegando un bocado del final tierno.
Los calçots son en cierta manera adictivos y una vez que comienzas es difícil de parar. Es increíble cuantas cebollas tiernas se pueden llegar a comer en una sola sentada. Lo normal son de 10 a 15 aunque algunos son capaces de comer a cientos. Por supuesto, son muy buenos si se acompañan de un buen vino tinto. El segundo plato suele consistir en butifarra catalana con habichuelas tiernas o chuletas de cordero asadas también a la parrilla.
Si te encuentras en Lloret de Mar y te preguntas donde puedes probar esta especialidad catalana, te recomendamos el restaurante de Cala Canyelles en Lloret de Mar. Tienen un menú especial que incluye vino y postre. Prueba la crema catalana, otro plato típico, consistente en un puding con una densa capa de azucar quemada por encima.

Jack Sagel escribe sobre Girona and Costa Brava en su blog
Esther Fuldauer es responsable de internet en el Hotel Savoy y también escribe para